Nunca he estado en Cornualles, pero son muchos los recuerdos que guardo de ese maravilloso lugar. Una vez oí que la lectura es el viaje de los que no pueden tomar el tren, y Rosamunde Pilcher ha sido una de las mejores compañeras de viaje que he tenido nunca. Adentrarse en las páginas de sus libros te traslada a un mundo de pequeñas y cotidianas historias en las que uno se siente cómodo, seducido por la belleza de los paisajes que describe con tanta maestría y plácidamente acompañado por personajes familiares a los que terminas por tomar cariño. Recuerdo especialmente a Penélope Stern, la protagonista de Los buscadores de conchas. Casi desde el principio quedé prendado de su ternura.

Ayer empecé Solsticio de invierno, otro de sus libros. Hace exactamente un año que lo compré en una librería de segunda mano, y desde entonces lo había abandonado a propósito en la estantería. Quería que su lectura se hiciese esperar, alargar la dulce sensación de saber que podría encontrar en cualquier momento un refugio entre sus páginas.

Además de las dos novelas ya mencionadas, os recomiendo Septiembre y El regreso. En ellas encontraréis el pasaporte ideal para desconectar de las prisas, los agobios y el estrés.

Os dejo con una de sus más bellas frases:

La pena es una cosa muy curiosa, porque no tienes que cargar con ella toda la vida. Al cabo del tiempo, la dejas al lado del camino y sigues andando, y allí se queda.

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